Benimaclet conFusión: el barrio se transforma en escenario abierto al arte

Encontrar a la vuelta de la esquina una actuación musical. Un espectáculo de danza. Un taller de fotografía. Una clase de canto. Un recital de poesía. Una exposición. Una batucada. La creación de un grafiti sobre un muro antes gris …

Así ocurre en Benimaclet cada mes de octubre durante un fin de semana, en el que  el barrio se transforma y adopta la forma de múltiples escenarios para dar cabida a todo tipo de expresiones artísticas. Su plaza, sus calles, algunos locales e incluso casas particulares se abren de par en par para acoger el festival conFusión.

Este festival gratuito de libre expresión, que ha cumplido ya cuatro años, ha sumergido durante este fin de semana a Benimaclet en una fusión de propuestas abiertas a todos los públicos y de todas las edades, que han podido elegir entre 250 propuestas artísticas y casi 50 espacios, sin tener que sacar entrada ni hacer reserva previa: bastaba con hacerse con un plano de los actos, y dejar que los pies se encaminaran libremente adonde más les apeteciera.

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Una gran lona en la plaza de Benimaclet indica los lugares del conFusión. ©DsftBenimaclet

En el origen de esta singular iniciativa se encuentran tres estudiantes italianos que residían en Benimaclet y se juntaban para cenar o tocar la guitarra. Un día surgió la idea de unir sus habilidades artísticas en un barrio donde de por sí hay “mucha materia prima” y nació el festival conFusión, que cuatro años después es un evento  perfectamente organizado y es miembro cofundador de la Plataforma de Iniciativas Culturales Urbanas de Valencia (PICUV).

En este acontecimiento, en el que se empieza a trabajar a principios de año, ni los organizadores, ni los artistas, ni quienes ceden los espacios cobran por ello, y todos aportan su tiempo y su trabajo, explican a Disfruta Benimaclet miembros de la organización. Aunque sus creadores siguen en el festival, son muchos los voluntarios que vienen y van cada año, y de hecho se organizan en asambleas abiertas, donde vale lo mismo el voto de quien acaba de llegar que el de quien lleva años.

Como ejemplo de esa renovación continua, el festival no tiene un logotipo fijo. La única seña de identidad que conserva es el nombre –conFusión-, pero cada año cambia la tipografía, de la que se encarga una persona diferente. También cambia la imagen, que este año se ha tomado de la fotografía de una actuación del año pasado que les ha cedido un fotógrafo de manera gratuita, y que ha marcado el color de esta edición: el naranja.

Bajo el lema “exprésate libremente”, el festival no solo busca reunir iniciativas artísticas y culturales, sino que pretende ser un punto de encuentro, un canal para compartir valores como el de “crear comunidad”, integrar la diversidad o la colaboración creativa.

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Actuación musical en una calle de Benimaclet, a cargo de Juanele. ©DsftBenimaclet

Quizá por ello una de las novedades de este año ha sido una campaña para concienciar a los participantes de evitar el ruido y la suciedad en un barrio donde uno de sus problemas es el botellón. Además, se han alquilado once baños químicos, se han instalado papeleras de cartón y se ha fijado la hora final de todas las actuaciones a las 23 horas, para que el festival no sea una molestia para los vecinos, sino todo lo contrario.

Otra novedad de esta edición es que toda la cartelería se ha elaborado de manera artesanal y con material reciclado, dentro de la filosofía de “hacer lo máximo posible con los recursos existentes”. Tampoco se han impreso programas de mano, pues el año pasado los 5.000 ejemplares que se hicieron se agotaron el primer día de la mañana, por lo que esta vez  se ha podido descargar por Internet o consultar a través de la herramienta de gestión cultural Orpheo.

También ha sido muy importante en esta edición la apuesta por la escenografía, con la instalación de unas composiciones hechas con ganchillo, lana o plástico de bolsas elaboradas por la Asociación de amas de casa de Alcublas, que ha dotado al festival de una luz y un color especial y al que dedicaremos en el futuro un artículo específico de este blog, porque la iniciativa bien lo merece.

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Vista de la plaza de Benimaclet durante el festival conFusión. ©DsftBenimaclet

El vecindario de Benimaclet, o las personas de otros barrios que hayan venido este fin de semana a  sumergirse en el conFusión, han podido disfrutar de actos desarrollados en lugares tan emblemáticos del barrio como la plaza, los huertos urbanos o el Centro Instructivo Musical.

También han podido entrar a casas particulares, como “el búnker”, una vivienda que cuenta con una terraza en la que caben unas quince personas, y que es una de las preferidas por los músicos para sus actuaciones.

En total, han sido 26 horas de expresión artística, que culmina un trabajo iniciado hace meses y en el que el único requisito que se ha pedido a los participantes ha sido que se apuntaran en la convocatoria abierta al efecto, mientras que el único filtro ha sido el de respetar a los demás.

“Ninguna propuesta se queda fuera, todas las que se presentan, se hacen”, destacan desde el festival, y explican que han participado tanto profesionales como gente amateur, pues para algo es un festival de libre expresión. Este año se han añadido además puntos abiertos a los espontáneos que no se apuntaron a la convocatoria pero a última hora han querido participar.

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Arte urbano creado durante el BenimacletconFusión de 2017. ©DsftBenimaclet

A lo largo de dos días han confluido -o se han confundido– en Benimaclet 75 propuestas artísticas, 50 exposiciones, 25 talleres, 25 iniciativas de artes escénicas, 5 de poesía, 7 proyecciones audiovisuales y 34 de arte urbano, dentro de las cuales ha habido incluso intervenciones conjuntas, como la de Toni Espinar y Disneylexya para transformar la fachada de una tienda de bicicletas del barrio.

El festival ha tenido que esperar hasta última hora para contar con los permisos municipales, que finalmente llegaron dos días antes del comienzo, cuando ya habían decidido seguir delante de todas formas porque toda la maquinaria estaba ya en marcha, y tuvo que sortear el sábado la aparición de la lluvia en algunos momentos, que pese a todo no consiguió que decayera el ambiente.

En estos dos días confusos, músicos, pintores, poetas, malabaristas, fotógrafos, mimos o realizadores de vídeo han convertido Benimaclet en el epicentro de su arte, y con su manera abierta de compartir han hecho del barrio un lugar diferente.

 

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