Siete curiosidades sobre el callejero de Benimaclet

 

En el artículo de hoy, Disfruta Benimaclet os trae varias curiosidades sobre el callejero de Benimaclet. Ni son todas las que están, ni están todas las que son. Pero seguro que alguna de estas explicaciones os arranca una sonrisa …

LA CALLE MÁS ALEGRE:

“Miren si ací hi ha alegria

en este Benimaclet 

que el carrer més trist de tots

és el carrer Alegret”

 

Así lo escribió en 1948 el poeta y maestro de Benimaclet Carles Salvador en el llibret de la falla de la Plaza de la Iglesia. ¿Es la calle Alegret la calle más alegre del barrio?. Bueno, en realidad el nombre proviene de un ramal de la acequia de Mestalla, la que siempre ha regado las huertas benimacleteras. A finales del siglo XIX, ese canal de riego se cubrió desde La Alameda hasta el convento de San Juan de Ribera. En todo caso, cuando pasees por esta calle, que es una paralela entre la calle Murta y la calle de la Rambla, puedes dedicar un minuto a pensar si es una calle triste o alegre.

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Vista de la calle Alegret, en pleno centro histórico de Benimaclet. ©DsftBenimaclet

Sin embargo, otra calle más de Benimaclet tiene una denominación que parece relacionada con la alegría: la calle Padre Alegre. Debe su nombre a Jacinto Alegre (1874-1930), un jesuita volcado en los más necesitados y en los hospitalizados. Conoció la obra de San José Benito Cottolengo en Turín, y le impresionó tanto que quiso hacer lo mismo en España. En 1932, dos años después de su muerte, abría sus puertas en Barcelona el Cottolengo del Padre Alegre. En 1943 fue el turno de la primera filial, en Valencia, primero en la calle Baja, aunque en 1958 se trasladó a unas instalaciones más amplias en Benimaclet, donde continua su labor social.

El Padre Alegre da nombre a la calle situada a las espaldas del Cottolengo. Una calle que, por cierto, desde 1979, cuenta con una placa de la asociación Amigos de las Plantas con una dedicatoria “a la calle más florida”.

LA CALLE DEL AUTOR DEL PALACETE DONDE HOY ESTÁ ‘LA PAGODA´:

En perpendicular a la calle Padre Alegre está la calle del Arquitecto Arnau, que poco tiene que ver con la historia del barrio, aunque fue muy relevante en Valencia. Joaquín Arnau Miramón (1849-1906) fue arquitecto municipal en Valencia, trabajó un breve tiempo en Roma y es autor de obras como la finca situada en la esquina de la calle de la Paz con la calle Comedias (la Casa Sancho), la restauración del Palacio de los Duques de Gandia, o el Palacio de Castellfort, desde donde cada viernes la portavoz del Consell informa de los temas que se han tratado en el pleno del Gobierno valenciano.

No obstante, sus obras más destacadas provienen de la actividad privada que desarrolló auspiciada por la condesa viuda de Ripalda, María Josefa Paulin de Peña. Se trata de la residencia particular de la condesa, el Palacete Ripalda,  un peculiar edificio a modo de castillo, situado entre los Jardines del Real y la Alameda, junto a los Jardines de Monforte. En 1936, el Gobierno de la República lo utilizó por un breve tiempo como Ministerio de Comercio. Fue derribado en 1967, y en su lugar se levanta actualmente e edificio conocido como “La Pagoda”.

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El Palacio de Castellfort de València, obra del Arquitecto Arnau. ©DsftBenimaclet

Arnau fue también el responsable del Pasaje Ripalda, una galería comercial de estilo europeo que unía la Plaza de la Pelota (actualmente la calle Moratín) con la Plaza de Cajeros  (la actual esquina de la Plaza del Ayuntamiento con la calle San Vicente), en el que además de elegantes cafés se levantó un hotel donde se instaló el primer ascensor de Valencia.

En la calle Arquitecto Arnau podéis encontrar también la sede de PayaSOSpital y el taller de ebanistería donde se hicieron los nuevos sillones del Tribunal de las Aguas de València.

LA CALLE DEL POETA QUE NUNCA ESTUVO EN BENIMACLET 

Benimaclet dedica una de sus calles a Frédéric Mistral (1830-1914), un poeta francés defensor de la lengua provenzal que nunca estuvo en Valencia -ni en España- y que en 1904 recibió el Premio Nobel de Literatura junto a José Echagaray. Mantuvo una intensa relación epistolar con poetas valencianos, y llegó a escribir que “la llengua valenciana és una de les més dolces i amistoses de l’Imperi del Sol”, según Durán i Tortajada.

En las Alameditas de Serranos se puede ver un busto de Mistral, que en 1930 regaló la sociedad Lo Rat Penat al Ayuntamiento de Valencia. En 1933 se le hizo un homenaje en esta ciudad. En los años 50, cuando vivían en Benimaclet muchos poetas y escritores, se propuso dedicarle una calle al fundador del movimiento que trató de devolver el esplendor a la lengua y la literatura provenzal. Su apellido fue utilizado como pseudónimo por la escritora chilena Gabriela Mistral. Y en la confluencia de la calle Mistral con la calle Murta se planta actualmente una de las fallas del barrio.

LA CALLE DE TODOS LOS POETAS

Benimaclet tiene varias calles de dedicadas a poetas, como Pascual Asins, Eduardo Buil o Ricard Sanmartí. No obstante, todos los poetas del mundo pueden sentirse representados en una de las calles de Benimaclet: la calle de los Poetas Anónimos. A propuesta de varias instituciones culturales, se decidió dedicar una calle a aquellos poetas que no han tenido la fama de otros, pero que en todo caso han hecho su contribución al mundo de la cultura. Esta calle, paralela a la del Arquitecto Arnau, es quizá una de las únicas del mundo dedicada de forma genérica a los poetas anónimos.

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Mural de la calle Peris Mencheta de Benimaclet. ©DsftBenimaclet

LA CALLE DONDE VIVÍA EL PROTAGONISTA DE UNA NOVELA

El gran escritor valenciano Ferran Torrent alumbró en 1984 su novela No emprenyeu el comissari. Su protagonista es Fede, un camarero que para atender las necesidades de su hermano comete un robo, con tan mala suerte que la casa elegida es la del comisario. El detective Butxana, el peculiar encargado de resolver el caso, acude a buscar a Fede a su casa ubicada en Benimaclet:

 “En passar la via del tren, ja a Benimaclet, Butxana deturà el cotxe i demanà pel carrer Peris Mencheta a un xicot que fumava  una mena d’antic cigarret Ideales en un banc. (…) Peris Mencheta era tan estret que Butxana decidí aparcar a la cantonada. L’entorn del barri on es trobava estaba envoltant de finques de nova construcció però de vell aspecte”.

La calle Peris Mencheta, paralela a la vía del tranvía, debe su nombre a Francisco Peris Mencheta (1844-1916), un periodista que fue corresponsal de guerra, fundó varios periódicos, como La correspondencia de Valencia o El Noticiero Universal, y creó una agencia de noticias con su propio apellido: la agencia Mencheta. También se dedicó a la política: fue elegido diputado a Cortes durante tres legislaturas y luego senador vitalicio.

LA CALLE DEL BARÓN QUE DEBÍA EL TITULO A SU ESPOSA

Benimaclet dedica la que fue su calle principal al Barón de San Petrillo, José Caruana Reig (1880-1956), aunque la propietaria del título nobiliario era su esposa, María Vicenta Gómez de Barrera y Salvador. El barón de San Petrillo desarrolló una carrera militar en la que llegó a ser capitán de fragata.

No obstante, el tributo que le rinde Benimaclet en forma de calle se debe a su labor como teniente de alcalde del Ayuntamiento de Valencia, desde donde impulsó que se pavimentaran unas calles que hasta entonces eran en su mayoría de tierra y resultaban más incómodas para sus vecinos. Puedes encontrar más información de la calle Barón de San Petrillo aquí.

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Calle Camino Viejo de Benimaclet, muy cerca de Benimaclet. ©DsftBenimaclet

LA CALLE CON EL NOMBRE DE BENIMACLET QUE NO ESTÁ ALLÍ

Y para terminar esta primera entrega sobre las curiosidades del callejero de Benimaclet, os hablamos de una pequeña calle que no está en el barrio, pero sí muy cerca: la calle del  Camino Viejo de Benimaclet, donde una coqueta alquería pervive entre altos edificios.

Se llama así porque era la vía por la que los vecinos de Benimaclet iban hasta la ciudad de Valencia. Si quieres seguir ese recorrido, solo tienes que partir de la calle Barón de San Petrillo, cruzar las vías del tranvía, seguir por la calle Cuenca Tramoyeres y pasar por detrás del Colegio Alemán para llegar a la calle Camino Viejo de Benimaclet. El recorrido seguía entre campos y jardines hasta llegar al Puente del Real.

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