PayaSOSpital: desde Benimaclet al mundo

La solidaridad es una de las características de Benimaclet, un barrio que acoge muchas iniciativas de este tipo e incluso algunas sedes de ONG. Lo que quizá muchos desconocéis es que en Benimaclet está la sede de PayaSOSpital, una asociación sin ánimo de lucro declarada de utilidad pública que se mueve “entre la cura y la ternura”.

Estos maestros de las emociones llegaron al barrio hace unos nueve años, procedentes de la zona del Botánico, cerca del centro de València. Necesitaban un local más grande para desarrollar su actividad e impartir sus cursos de formación, y también que tuviera un precio más asequible. Y lo encontraron en la calle Arquitecto Arnau.

Las instalaciones están decoradas con fotografías de payasos disfrazados de médicos durante sus visitas a los hospitales, y de niños que les miran embobados mientras se abstraen de la realidad que les rodea. Alguno de esos pequeños ya es mayor de edad, pero aún perdura su recuerdo en la retina de muchos de estos payasos.

Como en la del alma mater del proyecto, Sergio Claramunt, quien recibe a Disfruta Benimaclet en la sede de esta asociación y parece que el tiempo queda detenido mientras nos explica con pasión en qué consiste el oficio que aprendió en París y que hace veinte años le llevó a fundar PayaSOSpital.

UNA MISIÓN

“Nuestra misión consiste en intentar que el niño o el adolescente que está ingresado en los servicios pediátricos  de los hospitales públicos valencianos más importantes recupere su condición de niño, que el entorno le sea menos hostil, y que los adultos que le rodean puedan vivir también momentos de alegría, de distracción o de normalidad”, expone.

Claramunt advierte de que no están en los hospitales “para consolar” ni para ejercer como psicólogos, sino para intentar que el niño olvide que está enfermo,  en un hospital y que tiene dolor, para que a pesar de todo pueda seguir siendo un niño, pueda jugar y pueda reírse.

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Imagen cedida por PayaSOSpital de dos payasos en acción. Autor: Juan José Todolí

Los payasos que forman parte de esta asociación se forman de una manera muy completa y durante mucho tiempo para poder desempeñar el oficio de payaso de hospital, en el que tienen clara una cosa: el niño es el que manda. Y por tanto, les puede echar de la habitación, les puede pedir que canten una canción o les puede preguntar qué llevan en el bolsillo. Solo hace falta estar a la escucha y ver qué quiere, algo que no es fácil.

 “Recuerdo un niño de 5 años que me dijo: tú vas a tener problemas, porque tienes un dinosaurio detrás de ti”, rememora Sergio, quien añade que, a partir de ese momento, la habitación se llenó de rugidos de dinosaurio que se oían en el lavabo cada vez que este payaso abría la puerta.

El niño  es el que pone en acción a los payasos, el que abre la ventana de la imaginación, por la que estos peculiares médicos con narices rojas y zapatones que van siempre en pareja se tiran sin dudarlo de cabeza. “Somos personajes fantásticos, y puede suceder cualquier cosa: desde que nos convirtamos en un burro o en una gallina, a que hipnoticemos al compañero”, destaca Sergio, quien aclara que, mientras tanto, muchos padres “alucinan” del cambio de sus hijos, que instantes antes estaban decaídos.

NIÑOS FELICES

Con el lema “Es más fácil curar a un niño feliz”, estos payasos despliegan por los hospitales valencianos armas tan potentes como el mimo, la magia, marionetas, pompas de jabón, cuentos o la música, un área en la que se forman especialmente y que les permite conectar por ejemplo con los bebés de las incubadoras.

Puedes tocar para los más mayores y se ríen, pero cuando desafinas para un neonato se pone a llorar y ya no se calma”, avisa Sergio y por ello todos los payasos de la asociación saben cantar y tocar un instrumento, y conocen un amplio repertorio que incluye desde canciones animadas a relajantes, raps, folclóricas y en otros idiomas.

Sus destinatarios tienen desde horas de vida hasta 14 años, y con ellos el payaso de hospital tiene que implicarse pero no “sobreimplicarse”, buscar el equilibrio para conectar con el pequeño pero sin que le afecte lo que le pase, porque hay veces que visitan a niños que están en el final de la vida.

“Todos recuerdan la primera vez que entraron a la habitación de un niño que sabían que ya no iban a volver a ver”, asegura Sergio,  quien relata que han visto casos de niños que estaban ya en coma pero la familia pedían que les visitaran y se ponía a cantar, porque mientras su hijo está vivo lo van festejar y a celebrar, y cuando muera ya llorarán.

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Imagen cortesía de PayaSOSpital. Autor: Jordi Pla

El fundador de PayaSOSpital admite que para afrontar esas situaciones tienen que estar preparados y tener las herramientas suficientes, porque debajo de la nariz roja hay una persona, un corazoncito que siente y que padece”, si bien este trabajo les pone “los pies sobre la tierra” y les anima a no desperdiciar la vida.

MOVER EMOCIONES

Claramunt, que empezó en este oficio con 24 años y es el payaso de hospital español con más experiencia, reivindica que su trabajo consiste en “mover las emociones, todas”, lo que a su juicio “es lo más bonito que hay”.

“Estamos acostumbrados a asociar al payaso con la risa”, pero hay momentos en que llorar, gritar o incluso insultar a estos payasos ayudar a relajar la tensión del hospital, expone Sergio, para quien lo importante es “que fluyan las emociones, que salgan”, para poder sentirse mejor.

Por ello, reivindica que el objetivo es estos payasos no es la risa, que incluso puede ser contraproducente (por ejemplo puede hacer que le tiren los puntos al niño), sino que el pequeño siga jugando e imaginando. “No hace falta que se ría, simplemente con que se le abra la imaginación y lo abduzcamos de su habitación hasta el mundo que creamos, ya está”, añade.

Este payaso, que en los hospitales se transmuta en el “Dotor” Max Recetax, afirma que no sabe si la risa cura, como dicen algunos, o no, pero reivindica que “si estás feliz, contento, deprimido, solo, aburrido o triste, te enfrentas a la enfermedad con una situación diferente”.

“Lo que intentamos es que la vida que existe en ese momento sea lo mejor posible”, asegura Sergio, quien destaca que para ello son “maestros de la improvisación”, capaces lo mismo de montar “una gran fiesta” que  de “hacer algo suave y muy delicado”, conforme lo que necesite el niño en cada momento.

Admite que “la mayoría de las veces” logran su objetivo, aunque otras no, pero reivindica que al menos lo intentan.  En ello ponen todo su empeño estos nobles payasos que, con nombres tan peculiares como el Doctor Ambulancio, la Enfermera Mina Mercromina, el Enfermero Baldomero o la Doctora Zirujuana, llevan la fantasía a lugares donde no se puede decir “bienvenido”, pero en los que una simple pompa de jabón puede conseguir resultados sorprendentes.

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